A veces caigo en la cuenta de que cualquier cuenta es falsa si se cuenta en dinero;
de que no es lo mismo el valor que el precio;
de que ante un mundo desastrosamente desigual, lo mejor es aportar lo mejor de ti para hacerlo mejor;
de que a veces la redundancia ayuda a que la gente te comprenda;
de que por desgracia aún hay gente que piensa que es bueno obligar a otro;
de que puedo dar más de lo que doy;
de que a partir de ya sonrío todo lo que puedo gracias a unas personas maravillosas;
de que cada día tienes oportunidades que a veces dejas pasar por las prisas que mueven este mundo;
de que el consumismo siempre nos llevará a necesitar todo;
de que la gente nunca deja de juzgar;
de que... en fin, de mil cosas, pero, especialmente:
de que tú eres tú y yo soy yo, por muy obvio que parezca.
