Creo recordar, en un rincón de mi memoria,
esa voz tan dulce que me hablaba
el día que yo nací, entre tanto verde y rosa.
Vi sus ánimos en mi mente blanca
y la dulce voz me repetía llorosa:
te saldrán bien todas las cosas.
Veía la alegría en su olor,
soñaba con quererla siempre y abrazarla,
y en mí habitaban mariposas.
Creo recordar, con todo mi corazón,
aquella suave mirada, aquella mirada extraña.
Yo la observaba como si aquélla fuera una diosa.
Tan brillante era su tacto como su amor.
Aunque no podía lograr reconocer su cara
sé que entre todas, era la más bella y harmoniosa.
Observé su llanto y su admirable furor,
más allá de las fronteras de aquella enorme carga.
Y en mí se despertaron todas las marchitas rosas.
Creo saber, mamá, que te quiero.
Si te vas, me voy contigo...
Apagas amargos sentimientos,
discusiones y malos momentos...
¿qué es todo eso si tú estás?
Estaré ahí hasta mi último aliento,
hasta en tus ásperos sueños.