22/1/12

Sé tú mismo en la meta

   


Si ese mes llega y tu alma se lamenta de todo aquello que nunca hiciste, debes pensar que tal vez, sólo tal vez, es una señal que la vida misma te ha enviado. Puede que en esos últimos días que te quedan no merezca la pena ser otra persona, esa que siempre has aparentado, puede que esta sea la última pincelada hermosa en el cuadro de tu vida y que, al mismo tiempo, lo unas al fin con ese lienzo, el que escondes dentro de ti, el de tu persona. ¿Y qué importa lo que digan mientras tú disfrutes de lo verdaderamente necesario para obtener el grato placer de vivir la felicidad y la plenitud interior? Sabes que no es tan necesario tu compañero de trabajo como tu amigo de la infancia o tus padres. Haz lo que quieras solo, sin rozar a nadie. Pero antes despídete para siempre, porque no es tan triste despedida la de un viaje sin retorno buscando la mejora que la de la muerte infinita que a ningún lado va.

Y ahora, digamos que ya lo has hecho, pues para un momento, concéntrate en lo que lees o escuchas y en nada más, toma aliento con todo el aire que puedas hasta llenar los pulmones sin importarte los mareos, y expulsa todo (sentimientos, ese aire, tu mismo ser...) gritando: “¡¡soy libre!!”. Aguanta, resiste, barbilla arriba, espalda recta, piernas firmes, brazos fuertes... ¿Pero qué digo? Es mucho más sencillo que eso: no te preocupes por cómo te vean, ve adonde quieras y mantente en pie. Eso es la vida.

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