10/12/12

Ego sum.



¿Qué somos?



Sabemos que estamos hechos de agua, huesos, músculos, células, órganos y todos esos ingredientes de la anatomía humana.


Sabemos cómo evolucionamos hasta ser lo que somos. Sabemos que queremos ser felices, que tenemos un nombre, que nos gustan algunas cosas y detestamos otras…


Sabemos que sabemos, qué sabemos, que a veces no queremos saber y otras no sabemos qué queremos.


Sabemos muchas cosas de nosotros y de todos, pero nadie sabe qué es. Nadie conoce su esencia, de qué está hecha su personalidad o cuántas de ellas posee.

En el fondo, nadie sabe nada, ni siquiera yo.


Ego sum.
Quiero llegar más alto.
Quiero ser alguien
y quiero ser algo
antes de que limpien,
para mí, un ataúd.
   
Ego sum.
Por ahora sí existo
y si existo en mí
busco el registro
para poder decir:
¡soy mi juventud!

Ego sum.
Sin más palabras vacías,
con más actitud
y más miradas cautivas
seré capaz de gritar:
¡mi alma jamás morirá!


Ego sum.
Mientras siga aquí,
ellos conmigo.
Cuando me acerco a ti,
ellos conmigo,
ellos contigo están…
pues su potestad
es siempre mi virtud.


Ego sum.
Sin artificios ni bienes.
Sin precipicios ni males.
Con dolor en las sienes
y personalidades sangrantes.
  
Ego sum.
Siempre cambiante.
Siempre cayente.
Nunca dominante
de mi ser latente.

Ego sum.
¿Soy yo quien lo dice?
¿Soy yo quien soy?
¿Soy yo quien escribe?
No sé a dónde voy.
¿Quién existe?
¿Quien vive eres tú?

Solo sé una cosa.
Quiero que la sepas,
la aprendas y la prendas.
Escríbela en mi losa:



EGO SUM




Las farolas están ya encendidas. Es un día de frío de puro invierno, con todo incluido: bufanda, gorro, guantes y chaqueta afelpada. La humedad comienza a calar en los huesos. Es un día normal y mañana hay que madrugar. El reloj del metro ya marca las ocho. El cielo va restando luminosidad a paso de lince ibérico, tan extinguible como nuestro mundo. Las vistas son las de siempre y no aparece gente nueva con ganas de sonreír y hablar de algo más que del mal tiempo. Sí, puede que llueva, pero ninguno de ellos se pondrá debajo de la lluvia a cantar mientras baila imitando a Gene Kelly. La gente ha perdido espíritu y felicidad. ¡Cuántas cosas y qué poco aprecio! Se ha esfumado con el viento el valor de las grandes personas… Ahora importa más el precio de las pequeñas cosas, sustituido por los ilusos por “el valor de las pequeñas cosas”. No es una buena época del año, ni de la historia. Acabemos pronto esta masacre de ideas… Sí, deberíamos hacer algo…



Bueno, empieza a anochecer. Creo que ya es hora de marcharse a casa. Adiós.

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