5/7/12

Todo el tiempo que perdí



Maniobrando con la infelicidad, descubrimos que había algo dentro, muy dentro. Supimos valorarnos y superar las malditas situaciones diarias. La calle nos esperaba, la muerte también. A mí siempre me cayó mejor la primera. En ese momento, nos miramos a los ojos, los tres. Ellos parecían estar mucho más abajo, pero siempre supieron estar a la altura. A veces nos acechaban los coches, las bicis, los ruidos y otros seres diminutos o no tan diminutos. Los esquivábamos a menudo. Pasábamos pisando el suelo y el cielo, tanto las rayas negras como las blancas en cada paso de peatones. Cuando el entorno parecía lo suficientemente cerrado, teníamos más libertad. Rodeamos el colegio que hay al lado de casa y volvimos a encerrarnos en nuestra rutina individual, hasta que en algún momento, uno de los tres se daba cuenta de que aún existíamos y de que eso... 


no sería para siempre.

Y ahora me doy cuenta de lo ciega que estaba yo.
Ahora me doy cuenta de que su vida había de ser mucho más corta.
Ahora me doy cuenta de los momentos que perdí sin estar con vosotros, amigos.


Luego llegaron ellos:






Esa fue mi oportunidad de recuperar todo el tiempo que perdí.


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